El cultivo de la vid, y la producción de vinos en general, constituyen una parte fundamental de la historia cultural de España. Distintas variedades de vid nativas de la región hicieron que la viticultura floreciera temprano en la Península Ibérica. Pero no fue hasta la llegada de los fenicios, cartagineses y eventualmente romanos, que la región, hasta ese momento conocida por estos últimos por el nombre de Hispania, se transformaría en una de las principales productoras y exportadoras de vino del mediterráneo.

Durante los años posteriores a la ocupación romana, la producción vinícola siguió existiendo en la península. Los largos y violentos siglos de ocupación germánica no lograron eliminar la viticultura. Incluso durante el reinado de los árabes, a pesar de la prohibición musulmana al consumo de bebidas alcohólicas, la producción del vino ibérico se mantuvo a flote e incluso mejoró, sobreviviendo hasta llegar a la modernidad, donde volvió a florecer.

Hoy España es el país con mayor superficie cultivada de viñas en todo el mundo, aunque la mayoría de su producción se destina al mercado externo.

El vino en la Comunidad Valenciana

La historia del vino en la región de Valencia se remonta a tiempos inmemoriales. Existen pruebas de que el vino en la zona se producía y comercializaba ya desde el Neolítico, mucho antes de la ocupación romana. Durante ésta, el puerto valenciano de Saguntum (actual Sagunto) adquirió fama en todo el mundo latino por sus vinos, que eran especialmente populares en la mismísima Roma. El famoso vino de Sagunto incluso es mencionado por Marcial, Juvenal, y hasta Ovidio.

En la Edad Media y la Edad Moderna, Valencia siguió siendo sinónimo de producción vinícola en todo el país, especialmente para la exportación. Durante las últimas décadas, muchas de las míticas bodegas valencianas se han revalorizado, muchas de ellas apelando a la denominación de origen. Hoy en día el vino valenciano está en su mejor momento.